viernes, 18 de mayo de 2012

"¿Y QUIÉN ES MILTON NASCIMENTO...?"


Es la pregunta que muchos se deben estar haciendo internamente, pues gracias a Sonidos del Mundo y a la cultura reduccionista de esta era de noticias instantáneas, la gran masa piensa que el único representante conocido de la MPB (Música Popular Brasileña) es Caetano Veloso. No deja de sorprenderme, cada vez que lo pienso, que el público que suele llenar los conciertos de Veloso en Lima y que escuchan desde su Ipod sus versiones de Fina estampa son, a un tiempo, quienes discriminan a todo el mundo, no dejan pasar a nadie en las playas exclusivas de Asia y viven con sus conciencias tranquilas a pesar de que en sus círculos sociales, la idea predominante sea que el premier Valdés está haciendo un gran trabajo. Pero no sospechan que si Caetano Veloso fuera joven en estos días, apoyaría al 100% la oposición a su adorado Proyecto Conga. Y si apenas saben quién es Caetano Veloso, imagínense lo poco o nada que deben saber de don Milton, quien próximo a cumplir 70 años, nos visita por primera vez este 25 de mayo.

Estamos hablando de uno de los personajes más activos y hasta cierto punto, más universales del movimiento musical brasileño surgido a finales de los 60s. No es mi intención hacer un tedioso recuento biográfico de este gran cantante y compositor nacido en Belo Horizonte pero sí realizar un sucinto acercamiento a su trascendente obra creativa, desplegada en más de 35 álbumes. Si bien es cierto su nombre aparece junto a los otros grandes del bossa nova y la MPB (el ya mencionado Caetano Veloso, Gilberto Gil, Chico Buarque, etc.), su música tuvo siempre linderos más amplios, que lo llevaron a desarrollar colaboraciones con importantes exponentes de del jazz como el saxofonista Wayne Shorter, el tecladista George Duke, el pianista Herbie Hancock o populares cantantes pop como James Taylor, Paul Simon y hasta Duran Duran, entre muchos otros. Paralelamente, Nascimento compartió escenarios todo el tiempo con sus camaradas brasileños pues existe una conexión insoslayable entre estos artistas y el legado sonoro de su país. Por ejemplo, son memorables las grabaciones que Nascimento ha hecho junto a Chico Buarque en los 80s, las giras junto a Antonio Carlos Jobim o las imponentes armonías vocales junto a Gilberto Gil, Gal Costa, etc.

La importancia de Milton Nascimento en el panorama de la música mundial tiene que ver con el poder de su voz, capaz de evocar la profundidad más grave del cancionero brasileño hasta llegar a falsetes agudos inalcanzables - según Maurice White, fundador de Earth Wind & Fire, el desarrollo vocal de la banda se inspiró en las grabaciones que Milton hizo en sus inicios, entre 1969 y 1972. Sus composiciones tienen ese sabor brasileño inconfundible pero además cuentan con elementos globales que la hacen menos accesible, más experimental y misteriosa. Y a pesar de esa aparente complejidad, su música es capaz de conmover a todo público por su sensibilidad y sentido del ritmo. Cuando en 1998 recibió el Grammy a mejor álbum en la categoría World Music, Milton declaró: "Creo que esta categoría la crearon para definir mis canciones. Siempre me han preguntado cuál es mi estilo, pero yo no he querido etiquetarme. Entonces aparece esta categoría que engloba toda la música que no se ha hecho en los EE.UU. o en Europa. El término World Music se acerca más a todo aquello que yo hago". 

Definitivamente, el recital que dará Milton Nascimento, conocido como Bituca por sus amigos más cercanos y fans de larga data - que ha sido condecorado innumerables veces como embajador de causas sociales en países latinoamericanos y africanos - será un encuentro íntimo, reservado para aquella minoría familiarizada con su existencia en el espectro de la música popular contemporánea, de poco público pero de infinidad de emociones aseguradas. Eso sí, no faltarán aquellos que, iniciados desde el youtube o gracias a su suscripción a El Comercio, ocuparán las primeras filas y se la pasarán tomando fotos sin disfrutar de la magia telúrica de esta verdadera estrella del oficio de conjugar sonidos y convertirlos en obras de arte.


Travessia, uno de sus clásicos, compuesto en 1969.

 
María María, quizás su canción más ubicable, originalmente lanzada en 1976, aquí tocada en vivo con el guitarrista canadiense Pat Metheny

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O qué será, composición de Chico Buarque con arreglos vocales de Milton Nascimento.

 
Milton a dúo con James Taylor, presentados por Jools Holland.

 
Encuentros y despedidas junto a la cantante Marina Machado.

domingo, 6 de mayo de 2012

THE BEASTIE BOYS DE LUTO



La primera canción que escuché de The Beastie Boys no tenía nada de rap o hip hop. Era más bien un tema rockero llamado (You gotta) Fight for your right (to party) de 1986. El video dejaba en claro que no se trataba de una banda perteneciente a la ola de grandilocuentes bandas metaleras de aquella época. Todo lo contrario pues se trataba de un trío de lo más divertido y desfachatado y aun sin conocer más de aquel primer disco, me quedó claro que ese tema era una parodia al espíritu fiestero de la escena musical de Los Angeles.

El eclecticismo de estos tres neoyorquinos de ascendencia judía no tuvo límites en la década de los 90s. Aunque sus inicios se remontan a la segunda mitad de los 80s como un trío de punk y hardcore que llegó a ser telonero de grandes del género cono los Dead Kennedys o Bad Brains, pronto quedó claro que lo suyo era entrometerse en la subcultura negra del rapeo más callejero y agresivo. Sus letras y mezclas fueron de la mano con su actitud confrontacional y directa hasta convertirlos en el grupo de rap más respetado por la comunidad afroamericana. Sin embargo, en sus álbumes nunca dejaron de establecer claramente que lo suyo no eran solo juegos de palabras, overoles, viseras puestas al revés y cadenas. Michael Diamond (Mike D, batería), Adam Horovitz (Ad-Rock, guitarras) y Adam Yauch (MCA, bajo) eran hábiles con los micrófonos y las rimas pero también con los instrumentos más orgánicos y podían pasar de fraseos lanzados sobre mezcladoras a convertirse en un power trío de guitarra-bajo-batería de un momento a otro o grabar sorprendentes álbumes de jazz fusión como The mix up de 2007.


Apoyados desde 1998 por el cuarto beastie boy, el DJ y amo de las mezclas Mix Master Mike (alter ego de Michael Schwartz), el trío publicó entre 1986 y 2011 ocho notables discos y se convirtieron en una de las mejores bandas del amplio espectro musical que hoy conocemos con el nombre genérico de rock, durante una década marcada por la homogeneidad y el aburrimiento en cuanto a propuestas sonoras. The Beastie Boys hicieron el mejor rap blanco del mundo, mucho antes de la aparición de Eminem y consolidaron una carrera auténtica, cargada de personalidad y talento, al margen de las tendencias y los mandamientos de la industria discográfica comercial. Mientras que el supuestamente agresivo Eminem ahora graba memeces con Rihanna, los Beastie Boys aun conservaban su capacidad de asombrarnos con producciones como Hot Sauce Committe Part Two, su última producción discográfica, cuya grabación y lanzamiento estuvieron marcadas por el diagnóstico de cáncer que recibió Adam Yauch en el 2009. La terrible enfermedad acabó con la vida del talentoso músico hace un par de días. Probablemente no volvamos a escuchar nada nuevo de The Beastie Boys tras esta lamentable pérdida, pero queda su legado musical, aun inexplorado por las generaciones actuales.


De su primer álbum Licensed to ill (1986)

 
De su tercer álbum Check your head (1992)

 
Este tema, Sabrosa, es una de las primeras incursiones del trío en estilos mucho más sofisticados que todo el hardcore y el rap que habían hecho hasta entonces. Del cuarto álbum, Ill communication de 1998.

 
En 1995 lanzaron Aglio e Olio, un EP en clave punk (tema: I want some)

 
Off the grid, del genial The mix up (2007)

 
Su último videoclip, Make some noise, con la participación de diversas estrellas del cine y la televisión.

domingo, 1 de abril de 2012

EL POLEN: FUSIÓN DE VERDAD


Es mucho lo que habría que decir acerca de El Polen, banda pionera de la fusión entre el folklore peruano y el rock, algunos años antes que Del Pueblo del Barrio y años luz de distancia del nuevo concepto de fusión chill-out-lounge-funkyjazz-cajón-quenas-mix-electronic-dance-nice-fucking-discjockeys estilo Miki Gonzáles, Jaime Cuadra y algunos especímenes más. El Polen llenó los ojos y los oídos de muchas personas allá por los 70s e inclusive Los Jaivas de Chile, hasta hoy vigentes, se consideraron sus seguidores. Pero el racismo disimulado y la falta de visión condenaron al grupo de los hermanos Pereira a una carrera pobre, sin apoyo ni proyección que terminó en el olvido. Ahora que Raúl Pereira ya no se encuentra entre nosotros, y en medio de la moda recicladora, la música de El Polen tiene la oportunidad de ser expuesta nuevamente, y es alucinante lo fresca que suena...






viernes, 30 de marzo de 2012

TERRY KATH & EDDIE HAZEL: TRIBUTO A DOS GRANDES

Cuando nos hablan de héroes de la guitarra ("guitar hero" es un término de uso común en la prensa musical anglosajona) los primeros nombres que surgen son Hendrix, Clapton, Page, Santana, Van Halen, Slash y un larguísimo y variopinto etcétera... la lista es extensa y cada uno tiene su lugar bien ganado en esa galería en la que coexisten vivos y muertos, músicos de diversas épocas y estilos que comparten esa pasión por llevar al instrumento de seis cuerdas hasta sus máximos niveles de expresión.

Aunque casi siempre los compiladores suelen coincidir en las características principales de un guitar hero: dominio del instrumento, personalidad y actitud propia, presencia necesaria en el sonido de su grupo, estilo inconfundible, etc. ha habido ocasiones en las que se ha mencionado a personajes como Kurt Cobain (Nirvana) o John Frusciante (Red Hot Chili Peppers) en esas listas honoríficas, sin darse cuenta de que no cumplen con el perfil. Si bien es cierto ser considerado un guitar hero no es algo que persigan conscientemente estos músicos, por sus connotaciones divescas, también es verdad que no cualquiera puede ser incluido en un catálogo como éste, que no baja de las cinco estrellas.

Hoy quisiera referirme a dos verdaderos héroes de la guitarra, frecuentemente olvidados a pesar de las importantes páginas musicales que han dejado escritas en la historia del rock and roll: Terry Kath (1946-1978) y Eddie Hazel (1950-1992). Ambos guitarristas, nacidos en los EE.UU., definieron el sonido de bandas que a estas alturas, pueden ser consideradas sin temor a equivocarnos como pioneras de las posteriores transformaciones y reinvenciones por las que han pasado diversos géneros y sub-géneros del pop-rock mundial: Chicago y Parliament Funkadelic.

GUITARRA DE FORMATO LIBRE: Terry Kath aprendió a tocar de manera autodidacta y desde su adolescencia pulió su estilo en diversos clubes y bares de su natal Chicago. De fraseos rudos y concisos, el toque de Kath llamó la atención del saxofonista/flautista Walter Parazaider, quien lo convocó en 1967 para fundar la banda The Best Thing, junto a sus compañeros del conservatorio James Pankow (trombón) y Lee Loughnane (trompeta). Completaban la banda el baterista Danny Seraphine, el pianista Robert Lamm y el bajista Peter Cetera, todos de intensa actividad en los circuitos musicales de la capital de Illinois. Este ensamble poco habitual - a mediados de los 60s el formato clásico de un grupo de rock era el impuesto por The Beatles, es decir: guitarras-bajo-batería - cambió su nombre a Chicago Transit Authority y posteriormente, debido a las quejas de la institución dedicada al control del tránsito en la ciudad que llevaba la misma denominación, se redujo a Chicago, nombre con el que se hizo famoso por el mundo entero.

La guitarra y la potente voz de barítono de Terry Kath fueron una de las marcas registradas de esta banda, que sorprendió a propios y extraños con su arriesgada combinación de estilos (pop-rock, rhythm & blues, jazz) y de instrumentación (el uso de metales y de tres cantantes). Entre 1969 y 1977 la banda editó 11 LPs, de enorme éxito comercial. Los furibundos solos de Kath recibieron elogios del mismísimo Jimi Hendrix, de quien cuentan se "enamoró" de Terry después de escuchar su composición instrumental Free form guitar, perteneciente al primer álbum de Chicago, llamado simplemente Chicago Transit Authority. En este disco también destaca Liberation, obligatorio tour-de-force para cualquier fanático del rock instrumental, en el cual Kath despliega, a lo largo de sus 14 minutos de duración, las particularidades de su desarrollo guitarrero: solos largos, wah-wahs, efectos y un sentido muy preciso de la improvisación.

La personalidad de Kath era uno de los principales motores de Chicago, por su buen humor y su disposición a explorar nuevas ideas musicales, aunque detrás de ese carácter alegre se escondía un hombre depresivo que se refugiaba en el alcohol, las drogas y su afición por coleccionar armas de fuego. La tarde del 23 de enero de 1978, Kath jugueteaba con una 9mm durante una fiesta en casa de Don Johnson, un roadie del grupo, y con la pistola en la sien apretaba el gatillo una y otra vez, asegurándoles a todos que no estaba cargada. Lamentablemente, sí lo estaba. Terry Kath falleció así, trágicamente, a los 31 años. Aunque la banda cambió de estilo tras la pérdida de uno de sus fundadores, en el recuerdo quedan sus clásicas grabaciones como la mencionada Free form guitar, 25 or 6 to 4, Make me smile, Colour my world o el tema Introduction, que pueden ver y oír en este link de youtube, que muestra a Chicago Transit Authority en vivo en el Japón (año 1972)



UN MAESTRO DEL FUNK DURO: Edward "Eddie" Hazel fue el primer lugarteniente de George Clinton, el célebre Dr. Funkenstein, amo y señor de ese combo alucinante llamado Parliament/Funkadelic que asoló las pistas de baile de los ghettos en las décadas 70s y 80s y que posteriormente, con un Clinton ya agotado y auto-pirateando todas sus ideas, se denominó The P-Funk All Stars. Hazel, nacido en Brooklyn en 1950, vio la transformación de Clinton que pasó de ser el líder de una simple banda de doo-wop llamada The Parliaments a esta especie de gurú del ritmo y del aquelarre armado por las comunidades negras norteamericanas, que llegó a su máxima expresión con ese excepcional álbum de 1976, The Mothership Connection.

La guitarra de Hazel, que combinaba los fraseos del soul clásico, deudores de esa tradición regentada por James Brown "el padrino del soul" con los arranques psicodélicos y eléctricos de Jimi Hendrix domina los tres primeros álbumes de Funkadelic, banda surgida de las cenizas de The Parliaments, que, siempre de la mano de George Clinton, rompió el mito de que los músicos de color sólo podían hacer música suave, romántica o rítmica. Funkadelic, que fue estableciendo las bases para la evolución del funk con cada uno de sus lanzamientos, combinaba esos tres elementos con un sonido crudo, agresivo, casi parecido al hard-rock de grupos como Led Zeppelin o Cactus, cortesía de los arrebatados riffs de Hazel. Así, los discos Funkadelic (1970), Free your mind... and your ass will follow (1970) y Maggot brain (1971) son considerados clásicos, no solo del género funky, sino de toda la década de los 70s.

Precisamente en Maggot brain se encuentra el tema que le dio a Hazel la categoría de guitar hero: un épico lamento de casi 10 minutos, que le da nombre álbum - según el guitarrista, "los gusanos cerebrales" hacían referencia tanto a los efectos del consumo de drogas como a una descripción alegórica del control mental que se ejerce desde el poder - y sacó de la oscuridad a la banda, convirtiéndola desde entonces en una "de culto". El tema es una etérea manifestación de sentimentalismo y sensualidad, propulsada por las múltiples capas de guitarras ensambladas por Hazel en sendas sesiones de grabación, en las que Clinton le pedía que "tocara como si su madre acabara de morir". Lamentablemente, los problemas de Eddie Hazel lo alejaron de una promisoria carrera musical. En 1974 fue apresado por posesión de drogas y agresión y desde su liberación, en 1976, sus apariciones con Parliament/Funkadelic fueron tan solo esporádicas. Luego de grabar un disco como solista de gran factura, titulado Games, dames and guitar thangs (1977) en el que destaca una alucinante versión del tema I want you (she's so heavy) del álbum Abbey road de The Beatles, el sonido de Hazel se perdió en un voluntario exilio musical. El 23 de diciembre de 1992, Hazel falleció de una afección al hígado. Tenía 42 años. Las tristes notas de Maggot brain fueron tocadas durante su funeral. Aquí una versión en vivo junto al guitarrista que lo reemplazaría definitivamente en la banda, Michael Hampton, de un concierto en 1986:


El mundo del rock está repleto de historias y héroes no reconocidos... desde aquí un humilde tributo a estos dos músicos que casi nunca figuran en las habituales "enfermérides" (como diría Sofocleto) de nuestra alicaída prensa musical... Hasta la próxima...

domingo, 25 de marzo de 2012

DAVID BYRNE: REI MOMO


A fines de los años 80, había una marcada distancia entre la música en español y la música en inglés. Más aún, entre la salsa y el rock. Y a pesar de la existencia de gente tan importante como Carlos Santana - aquel mítico y místico guitarrista mexicano que enloqueció a los hippies norteamericanos con su frenética combinación de congas y electricidad en Woodstock, año 1969 - o de los salseros duros que crecieron en el Bronx como Willie Colón, Héctor Lavoe, Larry Harlow, entre otros, con amplias carreras y discografías que documentaban esa pasión artística por lograr el sincretismo sonoro, bajo la premisa que la buena música - el famoso "lenguaje universal" - no sabía de divisiones geográficas o idiomáticas, los mundos musicales latino y anglosajón permanecían totalmente separados en términos de convivencia en radios, programas de TV, etc.

Aun cuando el rock - el género cantado en inglés de mayor popularidad - ya contaba en esos años 80s con gran cantidad de exponentes que componían en nuestro idioma con aceptable calidad, el vasto y complejo universo de la música latina no había sido explorado con la seriedad correspondiente por sus pares angloparlantes. Hasta que en 1989 un músico norteamericano, surgido de los oscuros callejones de la era proto-punk (CBGB, Max's Kansas City) y reconocido líder de una de las bandas más importantes de la new wave, Talking Heads, sorprendió a propios y extraños con un disco que resume sus años de investigación y estudio sesudo dentro de la cultura musical centro y sudamericana. Años antes del boom mediático de la llamada "world music" - término con el que se pretende etiquetar a cualquier expresión musical que provenga de lugares que no sean hispano o angloparlantes - David Byrne lanzó el sorprendente Rei Momo, una verdadera fiesta de sonidos afro-caribeños con letras originales en el idioma de Shakespeare. Una delicia que rechazaba de plano aquel mito de que el inglés no sirve para cantar salsa, rumba, samba o cumbia.


El álbum, que contiene 15 canciones en diversos ritmos latinos, nos revela un lado brillante de Byrne, para muchos oculto o en todo caso limitado dentro de las coordenadas de la música particularmente freaky de su banda. Ese lado brillante que evolucionó a partir de entonces hasta convertirlo en un abanderado de esa búsqueda por los sonidos integradores. Son conocidas las andanzas de su sello discográfico Luaka Bop, que entre otras cosas produjo lujosas recopilaciones, preparadas para el mercado anglo, de artistas como Tom Zé, Los Amigos Invisibles, Silvio Rodríguez - el imprescindible Canciones Urgentes - así como su especial fascinación por la música negra peruana, expresada en el álbum Afro-Peruvian Classics: The roots of black Peru y en el la promoción constante de las producciones de nuestra Susana Baca. Así mismo, Luaka Bop registra constantemente grabaciones y lanzamientos de diversos artistas brasileños, africanos y asiáticos. En la actualidad David Byrne puede ser considerado como uno de los pioneros - junto al británico Peter Gabriel y su sello Real World - en la difusión de artistas que por sus características raciales, étnicas, lugares de procedencia, no hubiesen tenido lugar en el mundo de de la música comercial.

Para Rei Momo, el guitarrista y cantante se puso en contacto con maestros de la talla de Johnny Pacheco y Willie Colón, quienes lo asesoraron en este ambicioso proyecto. Con Pacheco co-escribió el merengue The call of the wild, la salsa Loco de amor, cantada por Celia Cruz en la que quizás constituye una de sus últimas grabaciones de calidad real, y la charanga Marching through the wilderness; mientras que con el famoso trombonista compuso The rose tattoo, una pegajosa bomba en la que también puede escucharse la inconfundible voz nasal del salsero. Para muchas de las personas que han escuchado el disco, la canción Make believe mambo es la que mejor representa este collage cuidadosamente ensamblado de ritmos y sonidos latinos, aunque en lo personal me quedo con la impresionante precisión de Dirty old town, a mi modesto entender, la mejor salsa que he escuchado cantada en inglés.

Aún hoy, escuchar esa canción es todo un alivio para quien recuerda haberse burlado hasta el cansancio del pobrísimo intento por ingresar al mercado norteamericano del Grupo Niche de Colombia con una versión en inglés 100% olvidable de su clásico Cali pachanguero. El video de Dirty old town - que pueden ver en el enlace de arriba - está en la onda Talking Heads, con Byrne liderando una orquesta completa, parado frente al micrófono con su clásica eléctrica guitarra negra. El de abajo es el link de Make believe mambo, un video en el que se puede ver a Byrne intentando bailar, con su estilo intencionalmente torpe junto a una correcta pareja de bailarines, en trajes que evocan épocas del famoso club Tropicana cubano, en una de las imágenes más representativas de este genio musical:


El álbum Rei Momo es un clásico de nuestros tiempos, tanto por su riqueza musical como por su determinada vocación integradora. En una época como la actual, en que la "fusión", la "world music" y otras tendencias parecidas ya están infectadas con los bacilos de la masificación, la comercialización y la producción en serie, es necesario recordar y darle su espacio a quienes pusieron las bases para todo lo que vino después en ese campo. Hasta la próxima...

sábado, 24 de marzo de 2012

PARA QUIENES NO LA VIERON...

Hace un par de años, El Tromercio lanzó una colección de CDs de rock con un folleto informativo que era para salir corriendo. Además de estar escrito con sintaxis simiesca, contenía una serie de gazapos y pifias informativas que me hicieron pensar que las había redactado un periodista de farándula en lugar de un conocedor. Esta fue mi reacción ante tamaño despropósito...

Hola a todos... una de las manifestaciones más evidentes del atraso cultural de nuestra prensa es el eterno segundo plano en que se mantienen las informaciones acerca del mundo de la música. No sé cómo será en otros países, no he tenido la oportunidad de viajar al exterior, pero desde que tengo recuerdo, la actividad periodística en el Perú se ha mantenido voluntariamente al margen de la evolución y desarrollo de las escenas musicales alrededor del mundo, incluida la local.

A lo largo de los últimos 20 ó 25 años hemos visto suplementos dedicados al teatro, al cine, a la farándula, a la literatura, a las artes plásticas, etc... Sin embargo, el siempre cambiante y fascinante universo de la música, en cualquiera de sus formas, nunca ha tenido esa cobertura por parte de los medios de prensa (me refiero en particular a la "prensa escrita", valga la redundancia) que únicamente cubre notas sobre músicos, géneros, festivales, lanzamientos o cualquier otro de los tópicos asociados a la industria en pequeñas notas insertadas en el segmento de espectáculos, entre faranduleros de la fauna local o glamorosas estrellas de Hollywood.

Los músicos sólo son noticia cuando protagonizan algún escándalo, cuando aparecen en la tele y en el cine haciendo otras cosas o cuando se mueren. Ni siquiera cuando llegan a tocar al Perú - en especial en esta época que nos ha permitido tener entre nosotros a notables figuras del arte musical como Roger Waters, Joe Satriani, Paquito de Rivera, Yo Yo Ma, entre otros - se puede observar un mayor interés por estos acontecimientos de amplio valor cultural y artístico.

Antes pensaba que este fenómeno tenía que ver únicamente con el rock, por sus características rebeldonas, desordenadas o "anti-sistema" (para utilizar un término de moda), pero poco a poco fue quedándome claro que, para los editores de los principales medios escritos de este país, la música no es una actividad que merezca ser individualizada en una sección, un suplemento semanal, una revista de calidad.

En medio de esa situación de abierta discriminación - absurda desde cualquier punto de vista - y ninguneo a la actividad musical, practicada por los medios convencionales (no me refiero, desde luego, a las esforzadas publicaciones que no sólo apuestan por escribir sobre rock o jazz, con tirajes reducidísimos y frecuencias aleatorias, sino que además lo hacen desde un punto de vista crítico, osea, hablan de los músicos menos "llamativos" desde un punto de vista "comercial") podríamos considerar que el diario El Comercio marca la diferencia con los espacios que mantiene, tanto en su sección Luces como en sus suplementos estrella Somos y El Dominical, como únicas fuentes de información local, relativamente informada, acerca de las movidas musicales de cualquier género, época y procedencia.

Por ese motivo esperaba que la colección de DVDs Los Clásicos del Rock que empezó a salir el viernes 19 de septiembre en "el decano de la prensa nacional" se pusiera, por fin, a la vanguardia de la desnutrida prensa musical local con un producto de calidad. Lamentablemente no ha sido así. Y me extraña porque este diario tiene en sus filas a algunos de los comentaristas y críticos de rock más destacados del medio. Es cierto que no siempre estamos de acuerdo con sus conceptos o preferencias, pero estoy seguro de que Rafo Valdizán, Raúl Cachay o Francisco Melgar hubieran podido elaborar un folleto informativo mejor escrito que el ofrecido en el número 1, dedicado al gruo británico Yes.

Este folleto, que viene adjunto al DVD Symphonic Live (2002) presenta un nivel de redacción muy por debajo de lo que normalmente muestran los mencionados periodistas u otros como Oscar García o el mismo Alonso Rabí do Carmo, destacadísimo periodista, escritor y crítico de arte que, sorprendentemente, aparece en los créditos como Corrector de Estilo o algo así. Pero no sólo es que la redacción no sea satisfactoria, sino que además contiene datos inexactos (por ejemplo, al referirse a la visita de la banda al Perú en 1999, no menciona la presencia de Billy Sherwood como segundo guitarrista o al afirmar, hasta en dos ocasiones, que el baterista Alan White había tocado con Frank Zappa antes de reemplazar a Bill Bruford). Asimismo, la infografía dedicada a la discografía oficial de la banda no está completa y no complementa las imágenes con una relación más detallada que incluya grabaciones en vivo, recopilaciones, DVDs oficiales, etc...

¿Razones de espacio? poco fáciles de aceptar si vemos las inmensas fotos, sin leyendas, que figuran en varias de las 16 páginas del consabido folleto (uno de los argumentos de venta que se vienen utilizando para promocionar la colección). Para los rockeros - no "roqueros" como figura en la contracarátula del DVD en cuestión - esto es indignante, tanto para los fans de la literatura que detecten dislates en alguna reseña de la obra de Mario Vargas Llosa o para los cinéfilos que encuentren un especial acerca de Ingmar Bergman que no consigne una filmografía completa, cuando todo en las promociones y en la diagramación parecían indicar que de eso se trataba el suplemento ofrecido.

Es lamentable que El Comercio esté desaprovechando esta aplaudible iniciativa de su departamento de promociones y publicaciones especiales, con una elaboración que denota más bien poco rigor y seriedad al momento de encarar una colección de conciertos de rock que pretende alzarse como LA MEJOR. Quizás tenga que ver, otra vez, con esa costumbre de considerar a la música - y en particular al rock - como una expresión artística menor, de segunda categoría, cuando realmente constituye uno de los capítulos más importantes e influyentes del arte popular contemporáneo y que ha generado infinidad de íconos y momentos de trascendencia artística, social y política.

Cabe señalar que los 12 DVDs que conforman la colección Los Clásicos del Rock de El Comercio, son títulos producidos y distribuidos por el sello inglés Eagle Rock Entertainment, que ofrece un catálogo interesante de títulos y artistas, como compensación frente a una calidad de imagen y sonido que presenta ciertos altibajos. Desde luego eso no significa que los conciertos en sí mismos carezcan de atractivo. Por el contrario, quizás debamos tomar esto como un buen primer paso pero que debe ser realizado respetando los estándares de calidad y de información que sean dignos de estos artistas y de sus seguidores.

El número 2, anunciado para el próximo viernes, es el DVD The Way We Walk (2002) de Genesis, otra leyenda del rock progresivo británico. Como en el caso de Symphonic Yes, lo más probable es que mientras el DVD será un placer para ojos y oídos, el folleto no irá necesariamente en la misma dirección. Salvo que se apliquen las urgentes y obligatorias correcciones... El Comercio tiene la palabra... Hasta la próxima...

viernes, 23 de marzo de 2012

KING CRIMSON: 21st CENTURY SCHIZOID MAN


En el post anterior hice un Top 5 de King Crimson, uno de los colectivos artísticos más desafiantes de la historia contemporánea de la música grabada. Y no incluí este tema deliberadamente - el primero que hicieron y que abre además, su primer álbum - porque merece un post aparte. King Crimson, aunque apareció dentro de las coordenadas del desarrollo del rock and roll en general, como cultura y acontecimiento social - y del rock progresivo en específico, si de rótulos hablamos - dejó claramente establecido desde su primer producto discográfico que lo suyo estaba destinado a ir más allá. A la luz de lo registrado en toda su carrera, eso es una realidad incuestionable.

No quiero extenderme mucho al respecto, sencillamente quiero hacer notar que hace ya 41 años atrás, Robert Fripp (guitarra), Greg Lake (bajo, voz, guitarra), los hermanos Peter y Michael Giles (bajo y batería respectivamente), Ian McDonald (saxos) y Peter Seinfield (letras) compusieron no solo una de las canciones épicas más representativas del espectro conocido como rock progresivo, sino que además plantearon en la aparente volatilidad de su letra, el carácter del hombre actual. No importa que estemos hablando de un cobrador/conductor de micro, de un gerente junior en 4x4, de un empresario líder de su rubro (peruano o extranjero) ciego seguidor del capitalismo más depredador, de un candidato político pletórico de frases hechas e hipocresía (hombre o mujer) o de cualquier otro tipo de personaje, podríamos aplicarle algunos de los versos de este tema premonitorio.

Hace década y media atrás, mi profesor Jorge Salazar, que en paz descanse, hablaba de que "la principal característica del hombre moderno es la neurosis, debido a las luces de neón, la contaminación sonora, la velocidad impuesta por el modelo de vida que privilegia el éxito económico como único valor ponderable, etc." Quince años después, con esas condiciones elevadas a la diez milésima potencia, no sería exagerado hablar de que el hombre (hablando del género humano en general, independientemente de si es hombre o mujer) del siglo 21 es, efectivamente, como lo grita Lake, esquizoide.